domingo, 9 de noviembre de 2014

ANCASH: CUENTO

JOSÉ MANUEL TAPIA LANDAVERE
POR: Ken Sánchez



Después de 105 años de su muerte, recién llegamos a conocer un cuentario de éste autor tan esencial para la Literatura de nuestra Región, pero, en 1948, en “Antología de Cuentistas Ancashinos” del autor Justo Fernández Cuenca, reeditado por el Fondo Editorial Huaraz, fuera antologado José Manuel Tapia Landavere con dos cuentos “Fray Paloma” y “El Hombre de los Ojos Verdes”.
Que, verdaderamente no conocíamos el valor que tiene el autor, pero en el Libro editado por Ediciones Atarip, titulado “Cuentos y Fantasías” tenemos 17 cuentos, supongo que habrá más,  o, rogamos al editor Luís Tapia García, otro volumen, o, tal vez conversar con el presidente del Fondo Editorial Huaraz para su edición y conocer más, para una selección de sus cuentos de José Manuel, porque creo es importante para conocer la formación de nuestra narrativa, o los inicios del cuentos ancashino, es fundamental para la Historia Literaria de Ancash.
José Manuel Tapia Landavere, nace en la ciudad de Huaraz el año de 1870 y muere en la misma ciudad el año de 1909, en plena apogeo de su carrera Literaria. Cursó estudios secundarios en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe en Lima, luego de concluir la secundaria, ingresa a la Facultad de Ciencias Matemáticas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, obteniendo el bachillerato y el doctorado en la especialidad.
 Retornó a su ciudad natal, desempeñando el cargo de profesor de matemáticas en el glorioso colegio de la Libertad. Contrajo matrimonio en 1903 con Adela Villanueva Mariluz y le sobrevivieron sus hijos Manuel Armando, Luís Guillermo y Carlos Alberto.
Hombre ciencias, de sostenida vocación por la letras, José Manuel, descubrió pronto sus habilidades en el género del cuento, en los que se de manifiesto su inspiración creadora y amplios dominios de otra disciplina del conocimiento humanos, a los que llegó con gran avidez y prodigalidad.
Su producción literaria inédita se encuentra dispersa en periódicos y revistas de la época, vale decir, “La Opinión Nacional”, “El Perú Ilustrado”, “Prisma” y de manera especial “La Neblina” quincenario de artes y letras dirigida y administrada entre los años 1896 y 1897 por José Santos Chocano.
Entre los años 1895 y 1896 José Manuel, estructura un libro al que denomina “Cuentos y Fantasías” a base de diez cuentos en originales manuscritos, el mismo que lamentablemente no llegó a publicarse. De otro lado, anunció la edición de los libros  “Cabellos Rubios” y “Entre Rejas”, cuyas ediciones no llegaron a concretarse.
El editor en estas circunstancias lo llevó a espigar en diferentes fuentes, todo el material posible y reunirlos en éste volumen que reivindica al autor en las letras ancashina y peruana.
Luís Alberto Sánchez en su obra La Literatura Peruana, tomo IV afirma: “En 1896 comienza la publicación de la Neblina, quincenario de artes y letras, que dura hasta 1897. Chocano lo dirige y administra. En sus páginas se inicia Florentino Alcorta, con unos armonios versos “a la campiña”, también colabora José Fiansón, Clemente Palma, Enrique A. Carrillo, Alberto Salomón, Enrique López Albújar y se consagran José Antonio Román, José M. Tapia, Francisco Mostajo, Federico Larrañaga”.
 En la “Antología de cuentistas Ancashinos”, el autor de la antología afirma: “El cuento así, convertido en género literario por excelencia para la creación nacional, no deja de serlo también para los literatos de provincias que por lo regular se nutren de las corrientes capitalinas. Tal ocurre en Ancash. De Tapia menciona: “Tapia como literato sobresalió en forma específica en el cuento para el que tenía singular cualidades”.
Manuel S. Reyna Loli en “Síntesis de la poesía ancashina” editado en 1953 confirma  que José             Manuel “Cultivó el cuento con gran éxito”, en tanto David             T. Izaguirre señala: “constituye una revelación del pasado al presente como escritor. Fue un cuentista ameno, de estilo depuradamente clásico, en el cual sorprende disparos de fino ingenio, de estirpe gala y metáforas que son precursores de la metáfora del verso vanguardista.”

                                                EL SEÑOR DE OGAZÓN

                                                           *José Manuel Tapia Landavere

El señor de Ogazón es tan viejo que el mismo no recuerda la fecha de su nacimiento. Puede asegurarse que ya no ha de morir, puesto que hasta ha venido. Sus piernas y sus ojos son las piernas y los ojos de un adolescente de quince años. La suya es una hermosa ancianidad que no necesita para ostentarse erguida ni de bastones ni de lazarillos.
Viste casi con elegancia: sobrero de copa, levita de talle ceñido, guantes de preville… Ciertamente si su y rostro está apergaminado como el de una momia, su cuerpo en cambio se mantiene altivo y derecho  como un sauce. Cada vez que le ha mirado así, fiero y limpio, rebosando salud me ha parecido uno de aquellos famosos patriarcas de la Biblia, pero arreglados a la moderna. Sus cabellos y sus bigotes son blancos como la nieve, y sus botines de charol negros y relucientes como la piel de un africano.
¿Qué edad tendrá el señor de Ogazón? Nadie en la ciudad le ha conocido joven. Durante las inacabables veladas de invierno, junto a la violenta lumbre de los troncos encendidos, los abuelos discuten el problema, ¡Tal vez no ha nacido nunca! Saben solamente que nuestras legiones patriotas de la época de la Independencia, le han admirado en sus filas lo mismo que ellos le admiran ahora en los días de gran festividad: muy marcial dentro de su uniforme de coronel de caballería, muy arrugado y amarillo bajo sus kepís de tres galones dorados.
¡Ya casi un siglo de esto! Hoy que las crinolinas no engordan a las mujeres y que las pólvoras no producen humo, el venerable Matusalem habla todavía con entusiasmo de aquellas opulentas damas del Virreinato que se morían por él; y de aquellos magníficos fusiles, cargados por la boca, que se disparaban a diez pasos del enemigo, abrasando las casacas.
¡Era el buen tiempo para los valientes!
Tres generaciones han desaparecido envidiando la vejez del centenario. Allá en el cementerio duermen su último sueño a la sombra de aquellos cipreses que él ha visto plantar. En los primeros días de noviembre, cuando los enamorados se dan cita allí, el señor Ogazón, se pasea a lo largo de las avenidas fúnebres, evocando las tristes memorias de su alma.
¡Aquí están sus antepasados!... ¡A sus amigos!”… Junto a este rosal la amada!... El señor de Ogazón quisiera también tenderse en su ataúd al lado de ellos. Le seduce esta pequeña ciudad de los muertos, tan blanca, tan fresca, con sus diminutas pirámides de mármol y de yeso que apenas se levantan sobre cada tumba. ¡Ah! ¡No salir jamás de ella! Porque él no ha peleado, la espada siempre en alto, por sus hermosos ideales de republicano, para verlos ahora desvanecidos, pompas de jabón bajo la mentida promesa de un cielo, un instante tranquilamente primaveral!
Sus gloriosos recuerdos le acosan… ¡Esas legendarias cargas de Córdova!... ¡Esa rabiosa esgrima de las grandes batallas! El señor de Ogazón ha sido una de las nobles figuras de la epopeya, uno de los caballeros cruzados de la magna guerra: heroico durante el combate; generoso después del combate. Al iniciarse la derrota del enemigo, siempre lanzándose en su seguimiento, atravesaba el campo de batalla con la velocidad del huracán. Su “Leal”, un enorme caballo color de fuego, debía parecer entonces a los fugitivos una nube roja fulminando en torno suyo el espanto y la muerte.
Por la noche, ya de vuelta al vivac, mientras un grupo de oficiales le escuchaba atentamente, el señor de Ogazón refería estupendas hazañas, crueldades inauditas… que nadie creía. ¡Era para oírle! Primeramente estaba cansadísimo, porque no tenía la costumbre de hacer prisioneros: realista cogido, realista muerto; herido que pedía gracia, herido rematado. ¡Si los heridos y prisoneros no sirven mas que para estorbar la marcha de los ejércitos en campaña! Así es que habiendo fusilado veintenas de fugitivos, su Leal se había bañado en sangre hasta las corvas y él hasta los codos… Podía probarlo.
Y mostraba sus manos –unas diminutas y secas manos de viejo- todas teñidas de rojo cual si hubiese estrujado cochinillas. Aunque palpable la prueba, sus relatos eran sin embargo acogidos por el auditorio con sonrisas de bondadosa ironía. ¡Conocían de sobra el feroz carácter del señor de Ogazón! Una vez, por ejemplo, le habían encontrado de rodillas junto a un herido dándole de beber de su frasco de cognac… ¡Le estaba ultimando!... Otra vez, como sintiese a sus espaldas el galope de un escuadrón patriota, no había vacilado en invitar a dos fugitivos que infaliblemente iban a ser alcanzados, la grupa de la Leal hasta ponerlos fuera de peligro… ¿Acaso tenía costumbre de hacer prisoneros?... Y cabalmente estas dos ocasiones fueron las mayores jactancias de su vida.- “Ahora sí (dijo a su vuelta en el campamento) que he concluido con todos”… Y girando sobre uno de sus talones, su brazo derecho extendido y rígido, ejecutabas el ademán de cortar en torno suyo todo aquel círculo de cabezas admiradas que le rodeaba.
Terminada la guerra el Señor de Ogazón envainó la espada. –Orgulloso de las dos cicatrices que sacara en la lucha quedó- únicamente el consuelo de las victorias alcanzadas. Su Leal, su bravo Leal, diez años después, enmoheciese todavía en su pesebrera extrañando aquel acre olor de pólvora y sangre que antes llenaba su pecho de furores. Habíase convertido en un buen caballo burgués, tranquilo, devoraba su ración de cebada en compañía de una linda yegua, Blanca, la sola amiga que le distraía en sus tatos de soledad.
¡Qué vida más monótona y triste que la suya! Año tras año, sentíase morir enfermo de nostalgia gloriosas, en tanto que su dueño, el señor de Ogazón, por el contrario, seguía visitándole en el pesebre siempre fuerte, siempre marcial, siempre feliz, cual si resonase todavía en sus oídos esa alegre charanga de combate, ese formidable flanteado de cañones que ¡ay! Él, pobre animal, no volvería ya a gozar.
Hoy hubiera  querido ver al señor de Ogazón celebrando aquí nuestra fiesta nacional; pero me dicen que no puede emprender el largo viaje…
Allá, en su ciudad, prepara, prepara a sus amigos una gran sorpresa: Va a casarse uno de estos últimos días de julio, con una joven viuda, muy  entusiasta de sus blancos mostachos.

¡A los ciento treinta años!


Lima, 1896

domingo, 3 de agosto de 2014

VIVIR MUERTO
          *Héctor Ventura Rodríguez

Desde Cochapetí, el destino, iba hacía lo desconocido, al combate rudo de la vida; como esos jóvenes reclutas que, húmedos los labios por el último beso de la madre, van a tierras lejanas, a batallas sangrientas, a muertes ignoradas, o, a vivir muerto.

Alejarse del mal pago, su juventud, el amor y la vida entera, KEN SÁNCHEZ, hijo de don Lucio (que en paz descanse) y de doña Felícitas, había temblado la idea de verse casi solo en un pueblo extraño teniendo que lidiar con autoridades incultas y padres de familia díscolos cuando de niño tuvo que estudiar en Ticapampa pueblo millonario por esos años, desde entonces al poner pie en tierra, su raudo y oscura silueta proyectaba por los rayos del crepúsculo, se destacó majestuosamente y como engrandecido a los ojos que la aguardaban.

VIVIR MUERTO, en mi taciturno pensamiento a esta obra he podido ver desde tres ángulos, tres vertientes o escusas finalmente:

1.- EN EL AMOR

Anna sin apellido, acaso una niña no puede pisar las losas de un templo, de una iglesia, era hermosa por haber crecido en el abandono y la soledad, pensar que los párrocos o curas también llevan apellidos de satanás, acaso el amor a Dios es lo suficiente para los creyentes, sino tuvieron y tienen que pisar todavía las flores y protestar ante esta injusticia por el amor, por los niños, adolescentes, por la mujer ; la compañera y amiga estropeada, en sus distintas geografías, amor que vive en la humildad  de la ciudad de Huaraz, barrio de la Soledad; se desvive en la ciudad de Huancayo cuyo centro cotidiano es la Universidad del Centro del Perú, donde crece y muere la juventud envuelto con el deseo de amar como vos  y como todos.

En el campo del amor ken Sánchez también ha escrito poesías, luchando por el amor, para enfrentar a la vida, poesías que hablan de sus promesas de amor, pero que no deben ser olvidados, para él son eternas como la lluvia para los yerbales.

2.- VIVIR MUERTO EN LO SOCIAL

En esta pintura hecho lenguaje escrito, Anna representa el personaje principal, a la desconocida joven, a la mujer luchadora, a la mujer hermosa.

Cuando la madre de Anna, tuvo que por mucho tiempo ocultar a su hija que fue concebida por violación, violada por un párroco, como en “Aves sin Nido” de Clorinda Matos de Turner, en este caso acaso Ken Sánchez y Clorinda han vivido la misma experiencias para idealizar esta composición literaria, acaso socialmente no están llegando a los pueblos cargando la pesada cruz de la injusticia.

Hasta cundo estaremos entrando a las misas todo churrupacos para brindar pleitesía a este grupo social que nos oprime.

Entonces aquí  deslinda la obra VIVIR MUERTO, imaginarse cuando Anna muere entra a la Iglesia y la misa fue celebrada por el mismo párroco y al final de la eucaristía tubo que pronunciar el nombre de ella que la concibió en violación.

Por ellos, ella ha tenido que vivir muerto para su padre que engendró al pie del altar mayor de Taita Mayo.

3.- VIVIR MUERTO EN LO POLÍTICO

Como todo joven ha vivido de locura y luchar por cambiar el destino del hombre, se fue por mucho tiempo a doblar sus esperanzas por la ciudad de Huancayo, ingresando a la Universidad del Centro del Perú, en la facultad de sociología, pasaron los años, tiempo de la subversión, el terrorismo crecía en todo los pueblos del Perú, como en todas las universidades los estudiantes se agrupaban para realizar sus reuniones nocturnas y construir algunos panfletos de protesta, dentro de ese trabajo el amor, la mujer fuente inagotable, no podemos desmerecer, Ken Sánchez es el más caro admirador y lector de José María Vargas Vila: Flor de Fango, Lirio Rojo, Lirio Blanco…, entre otras obras, acaso no tiene el fundamento político y disfrazado de amor sublime, de amor que nace y crece,…

De tal astilla VIVIR MUERTO de Ken Sánchez, nos indica, cuando la policía estas tras él tuvo que salir de Huancayo, rumbo a Lima; después no sé a dónde, y de noche lóbrega, triste para ella, al despedirse dijo: ¿Qué será de nuestro hijo?, El raudo rebelde respondió: Cuando crezca le dirás que “he viajado buscando la libertad de nuestros pueblos”, así se desdibujo en la penumbra del valle hasta siempre. También aquí está otro fundamento del título de la obra VIVIR MUERTO… Amigos duele mucho, pero aquí esta como Gorki, un Vila, también un Vallejo.

Amigos de la cultura pienso que es merecido este y otros mensajes, es oportunidad para hacerle llegar mis felicitaciones, así que pueda acabarse la vida, el tiempo puede borrar, pero el amor hecho bandera de lucha, el pan hecho pedazos para el hambre, el pueblo hecho justicia para los huérfanos sin nombre, pero este fruto nunca hade faltar como prueba de amor.
     



sábado, 19 de julio de 2014

POETA HECHIZADO POR UNA BELDAD


                                             JOSE DAED

                                                         *Por: Ken Sánchez 




Llovía.
Si, llovía.
Aquella tarde llovía.
Era una lluvia muy suave, ligera, que hizo que los transeúntes se arrinconaran en los portales de la avenida Luzuriaga, para ser más preciso, en los portales de la ESFA, un sin número de gentes se juntaron ahí.
José también se encontraba en ésa misma muchedumbre que se protegían de la llovizna; entonces, una muchacha de cabellos negros onduladas, de faz redonda, de estatura mediana, de nariz respingada, se acercó cerca de él, pudo ver aquellos ojos que derramaban una mirada que de momento lo hechizó al poeta, que rimó muchas veces del amor su pasión y de la muerte su alegría:

“Ely, lozana como un clavel
Atraviesa la pista…”

Desde ése, 
desde momento,
desde aquél instante que la vio cruzar la pista, ya jamás pudo sacar de su mente a aquella, a esa beldad que embrujó su corazón, sui alma, amor por completo.



José Daed, natural del pueblo que duerme cerca al mar, pequeño pueblo llamado Cobatierra, que es distrito de Paramonga; sus padres fueron: Lucila Villacorta Bautista y, Mario Castillo Solano. Continuaremos con las mismas palabras del poeta: 

“mis padres por los azares de la vida, ellos se pararon y yo acabé afincado en Huarás. Un fragoroso terremoto (1970) conmovió mis entrañas infantiles: Mientras otros cargaban con lo más valioso, yo, mi hermano Jorge y algún primo, buscábamos libros entre las ruinas. Estudié mi secundaria completa en el Colegio “La Libertad”. Luego me dediqué a la vida errabunda (la calle fue mi universidad), siempre escribiendo y borrando y volviendo a escribir” 

Así, de ése mismo modo José, de algo tuvo que vivir, no sé precisamente en que momento empieza con la venta de libros, pero, desde hace mucho tiempo lo cual realiza hasta el momento.
Conocí al poeta, en sus quehaceres diarias de venta, desde aquél momento cultivamos a una amistad franca y verdadera; nos conocimos cuando adquiera algunos libros, desde muy pequeño me interesó la lectura, por lo tanto siempre llegaba a comprar libros y libros al costado de la ESFA, donde tenía su puesto José, allí, sí ahí en los po0rtales en la que conoció a Ely, ella que es la que envenenó su ser y hechizó su alma y atormentó su corazón.

Ella, siempre muy amable llegaba a endulzar sus labios, su boca donde José la ofrecía unos caramelos con los ojos radiantes de emoción; sí, en ésos momentos su mente la dibuja en largos versos toda la anatomía de su alma, de ser, iba paso a paso recorriendo todas las avenidas de su hermoso cuerpo poblándose sus hojas de cuaderno en un ir venir de ella al son de la música la amaba en silencio deshojando ilusiones que se perderían con el pasar de los años.

Ely, no intuía que era asaltada por aquellas miradas de unos ojos que desnudaban para un dibujo excelente modelo, pero ella, seguía en su belleza dormida ante las miradas homicidas del poeta; eran perseguidas por aquellas miradas hasta desaparecer en lontananza de la avenida Luzuriaga; en su mente la imagen de ella estaba grabado desde aquél día en que ella la clavó la mirada de sus ojos que no puede olvidar; he aquí un par de sus inspiraciones:

FLOTAS

El cielo anuncia la lluvia.
Risas de muchachos pueblan
los portales de la ESFA.

ELY, lozana como un clavel, 
atraviesa la pista,
como llevándose las últimas luces
de otra tarde más que Huarás soporta.

El piano habla de un mundo fabuloso.
El rostro ocre de los transeúntes 
hablan de un mundo que no sabe de pena
del pobre, ni de sus tronchados ilusiones. 



ELY va andando sobre el cemente de la plaza.
Su perfecto cuerpo parece flotar en el aire.
Su ondulante cabellera larga absorbe
los últimos rayos de esta olvidada tarde.

Bramar loco de carros destartalados.
Algunos aletazos de vientos furibundos.
Algunas gotas de la lluvia que se anuncia.
Un perro flaco se pasea entre las flores
de la plaza, como buscando algún olor.

ELY se pierde por algún sector
de la plaza: ahora más triste que nunca.
Sin verla ya veo a la bella,
Caminando, luciendo su perfecto cuerpo,
flotando en el aire de esta olvidable tarde.

Llueve…lluvia, hermosa líquida, lluvia…
Si pudieras barrer con toda la podredumbre
y dejaras lo bello para cielo de mis ojos.
Si pudieras destartalar la roca
que mi hermano lleva sobre el hombro.
Si pudieras borrar la pena
que, ahora, empeña mi faz marchita.

¿ELY?...si, perdóname, hermosa…
Irá dibujando pasos perfectos
por algún camino huaracino.
Irá flotando en el aire,
tarareando algún romance
inspirado en los colores alegres
de las flores de la plaza de armas.

Yo cierro los ojos
para no ver el rostro triste de la lluvia,
los portales que se ponen más tristes
cuando se siente una pena interminable.

Quiero ser ciego
para no ver lo que describo,
o, mejor aún, quiero morir
para no tener conciencia de la roca infame
que carga el pisoteado, el escupido, mi hermano.

Eso quiero. Ahora es la hora de la lluvia.
El poeta puede callar hasta otra oportunidad,
o hasta que aparezca ELY
con su belleza en flor.



Pasaron los años sin perdón dejando sus huellas en cada lías de la cara.

Había pasado muchos años que no la vía por donde los pasos perdidos los guiaba, así, José cavilando en recuerdos que se fueron como un vendaval para en su fuga fugaz, pero, él, en su puesto de libros, garabateaba algunos momentos, de aquellos instantes en ella se acercaba a adquirir un sublime y calmar el frio intenso de las tarde en Huarás.

Pasaron con un rayo de luz se filtra por una hendedura, así su alma se sintió invadido por recuerdos aquella tarde de julio cuando la vio pasar por la plaza de armas, por donde muchas veces se perdió en lontananza; aquella tarde también se perdió como siempre por aquella plaza de armas que tanto ama y también un poco la aborrece, porque siempre se perdía por el mismo lugar de siempre, por allí siempre de desaparecía.

Después de un par de años, la volvió a ver, la vio, pero no sola, sino acompañado de un niño y un joven que iban de la mano sin dejar de ser siempre, entonces en su mente de poeta, rimó por un instante: ella es mamá del niño, el joven es su papá, entonces, ella y él, son esposos y el niño es su hijo, como pasan los años dejándonos heridas que nunca podrán sanar y días que nunca volverán.


ELY DE MI VIDA

¡Vi a Ely!
¡Vi mi vida

Lámpara de mi verso.
Luna de mi juventud ajada.
Sol de mis rebeldes ideas.
Flor de mis vías cohibidas.

¡Vi a Ely!
Aleteó primaveras
mi vejez amarga,
pues su juventud huidiza
agoniza junto al durazno.

¡Vi a Ely!
Vi a mis jóvenes células
cabalgar sobre corceles de alegría
vi a Castillo Manuel
comerse la sombra de Manuél Castillo.

¿Vio mi carne aún palpita
y entona arias dulces
a los tandones filiformes 
de su dorada juventud?

¡Vi a Ely!
¡Vi mi vida!

miércoles, 16 de julio de 2014

POESIA EN ANCASH I


A CÉSAR VALLEJO
                   *Lujani Domunde Maraval

César Vallejo: la inquina de tus paisanos
te señaló los senderos del duro exilio
i lejos de tu terruño,, sin un auxilio,
la negra parca te tendió sus frías manos
cual fuera caricia bajo climas lejanos.

El pasado polvo de aculado tiempo,
cubre tu fosa en París desde un Viernes Santo,
del cual tenías ya el recuerdo de terrenal vida,
presagio de tu marcha hacía el Más Allá…

Infinitas voces del eterno lamento
duermen sobre la cibernética del verso
de “Heraldos Negros” i “Trilce” el ritmo terso,
i “España aparta de mí este cáliz” portento
del idioma de Cervantes, el gran talento.

Vallejo: duerme en paz en tu lejana fosa
libre del odio de los que  también ya duermen…

      VIII
         *Efrain Rosales Alvarado

Se me diría
que te obstinas en
asoledarte
pero tú en ti
no eres más que yo
y yo
tú siempre yo
hambriado de unidad
embotado de números
que se ríen el tranqueteo
del tiempo
Tu ida o
el mío
es simplemente tu retorno
o el mío.

LABERINTO
         *Román Obregón

Abro mis manos y vuela
sin alas un canto herido.

Doy vueltas a mi tristeza
como animal desvalido.

Soy yo, extraviado, buscándome
En mí feroz laberinto.

Jadeo, avanzo, desvelo
pero sólo descamino.

Descubro mi corazón,
me quedo a reír conmigo.

CANTOS
       *Oscar Alva M.

Cantando a mi tierra,
solo cantando; diría:
Campo mío,
aire mío,
piedra mía,
río mío,
árbol mío,
aves mías, campo mío,
prodigios de natura,
majestuosa creación.

¡Oh! Nube, ¡oh! Viento,
¡oh! Luz
amo a tus entrañas
porque siento vida.
Porque amo la libertad.

DEDICATORIA
          *Melanio Espinoza R.

A HURAZ, escribo estos versos,
los escribo con gran amor,
lo que dicta el corazón
de su puro palpitar.
Cuando ser ama.
la naturaleza es un templo
y el corazón un altar.

El aroma de las flores
es el incienso que se quema
en las aras del amor.

El suspirar de las auras
son conciertos que cantan
las prendas de la mujer amada.

Perder un amor
es perder la vida misma
¡bendito seas Huaraz Querido!

Son estos versos a Huaraz
de los latidos del corazón,
que las cadenas del amor


rubrican en su inspiración.

ENDECHA
                                *Yehudi Collas B.

Acabo ya las notas turbias de tu lamento,
vuelve a tu humilde rostro la fragancia sutil,
no busques amparo con sólo verter tu llanto
si aún no hemos sabido amar en nuestro redil.

No quieras del otro, tu hermano, la sed tener,
si tu iras con saciarlo no se han serenado,
ya tanto vemos hender la entraña del ser
donde un fondo de bondad germina reclinado,

¿Acaso con soltar tus sonrisas de amargura
ganamos la aurora de nuestro elíseos nublos…?
No responde en el mutismo tu mirada oscura,

recrudece el pensamiento, se apaga el latir.
Te concibo cual tétrico cadáver de siglos,
esperpento humano, sobra del inexistir.

TRES PALABRAS
*Nora Gamarra

En la pizarra ocre del destino,
he escrito tres palabras solamente,
tres suspiros, tres lirios nacarados,
tres estrellas de luz iluminadas.

Tres yerbas que se enredan verdes,
tres matas del cabellos del pasado,
tres dedos de las circunstancias.
“Yo te amor”. Eso basta.

He escrito con regia tinta inolvidable,
no con oro mundano ni con plata,
no con voluble escarcha que pasa.
Las he escrito con mi alma.

Allí en la pizarra descansan,
a veces pasa el viento y me arrebata;
pero no puede arrancar las tres divinas…

¡Las he escrito con mi sangre!

LA BENDICIÓN DE LEER
                   *José Daed

Benditos los que leen
porque de ellos será, seguro,
el reino de los cielos:
los cielos del conocimiento.
               Y
Malditos los que no leen
Porque de ellos será, seguro,
El reino de los infiernos:
Los infiernos de la ignorancia.


LIVIDA VIDA

  V ivir en una mística comunión con la muerte, oír su voz redentora y contemplarla, cuando corre rauda o bisbisea, cruzando el umbral de nu...